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Matías Krahn (1972) presenta la exposición "Impar" en 100 Kubik-Raum
für spanische Kunst en Colonia. Carmen González-Borrás, crítica de
arte, habla con él sobre su pintura y el carácter del arte español.
CG- En
enero de 2008 expusiste tu trabajo en la galería 100 kubik, que fue al
mismo tiempo tu presentación en Alemania. Tus obras tuvieron mucho
éxito entre el público alemán, sobre todo por el optimismo y la
vivacidad que transmiten. Dime ¿cómo las ves tu mismo? MK.- No
sé si mi obra es optimista. Me gusta pensar que sí, pero realmente creo
que mis cuadros tienen un sentido ambiguo, algo agridulce. En cierto
modo son una celebración de la vida, con todo lo que ello comporta. Me
gusta pensar que producen una especie de chirrido sutil en el
subconsciente o un susurro en el cortex frontal de tu cerebro. Algo así
como: "no entiendo nada pero todo tiene un sentido". Es curioso, es algo en lo que a veces pienso: la distancia entre
cómo la gente percibe lo que uno hace y tus propias intenciones como
creador. Por suerte, cada vez me importa menos cómo quiero que se
reciba mi trabajo y me dejo llevar más por mi intuición. Creo que esa
falta de filtros hace que la obra se lea de una manera más directa y, a
la vez, más abstracta.
CG- Una de las novedades visibles
en tu exposición actual "Impar" es la presentación de formatos grandes.
Parece que un pintor intimista como tú debe encontrarse más cómodo con
obras más pequeñas, sin embargo los cuadros grandes tienen otra fuerza.
¿Qué destacarías tú de ésta manera de enfrentarse al trabajo?
MK.- No
hago distinciones entre formatos. Siempre seré un acérrimo defensor de
los pequeños formatos. Como observador adoro acercarme a las obras de
arte que demandan un acercamiento íntimo, pero cada obra pide seguir su
propio juego. Por eso, hay que dejar de lado los prejuicios y los
dogmas y aprender a leer cada cosa en su propio contexto, desde sus
propios parámetros. A la hora de pintar pasa lo mismo: no te puedes
poner trabas, debes dejarte llevar.
Cada formato demanda una
aproximación pero no siempre es cosa de la obra, si no de las
intenciones y perjuicios del que está delante. Siempre he defendido el
pequeño formato porque nunca he entendido que una pintura pequeña, por
el hecho de serlo, tenga menos trascendencia que una grande. Pienso en
Klee, Durero, Vermeer, Patinir, Bissier, etc. Lo que pasa es que hay
mucha mala pintura que pasa por buena porque tiene un gran formato. Es
un buen truco: lo que es malo en pequeño, grande puede ser impactante.
Pero tampoco es una regla de oro, hay pintura grande que sobrecoge y
pintura de pequeño formato que no emociona.
CG- Tu has
estudiado a fondo las vanguardias históricas y eso se refleja en tu
trabajo, o se ha reflejado durante años. ¿Qué te ha aportado ese
estudio y cuál es tu visión actual?
MK.- Mis compañeros
de viaje, durante mucho tiempo han sido artistas y obras de las
primeras vanguardias. Creo que no ha habido un momento de efervescencia
creativa semejante en todo la historia del arte occidental como la que
hubo a comienzos del siglo XX. La libertad creativa y la novedad iban
de la mano de las utopías. Todo tenía un sentido y se exploraba todo
por primera vez. Eso siempre me ha fascinado. Por otra parte, nuestro momento (post)
histórico es muy diferente. También es increíble pero mucho más
complejo. No podemos pretender tener la razón ni creer alegremente en
lo que antes se creía. Por otro lado, podemos mirar por el retrovisor y
echar mano de lo que queramos para crear algo nunca visto. Siento que
hay muchas puertas abiertas en las vanguardias que han quedado sin
explorarse a fondo. Muchos senderos sin transitar y caminos que seguir,
eso sí, sin miedo a tropezar.
No quiero hacer arte "retro". Lo
que pasó ya pasó. Se trata de reactivar lo que aún tiene vida y darle
la vuelta. Mezclar, mover, cambiar... con respeto y sin miedo, buscando
algo profundo y misterioso. Al final, si lo pienso, ese misterio es lo
que más me interesa del arte, no importa el estilo, la época, la
cultura, la edad o el estado mental del que lo ha hecho.
CG- Tus
cuadros se identifican plenamente con tu persona. Cuando hay un cambio
en la pintura, ¿en qué se nota el cambio en el plano personal?
MK.- Sí,
la identificación es total. Es algo fascinante que poseen la pintura y
el dibujo. Funciona como ventana pero también como espejo. Ves a través
pero también te ves como eres, tus intereses, tus miedos, tus deseos.
No hay trampa. Incluso quien pretenda ocultarse, refleja su realidad en
ese momento. Mi pintura está atada a mi vida. Tengo una parte
vulnerable y cambiante que no quiero perder, más bien la potencio. Es
mi parte infantil más creativa. No la quiero castrar.
Por otro
lado, no soy distinto a otro artista. Mi obra y mi vida van de la mano,
pero no soy autodestructivo ni pretendo llevar una vida al límite para
nutrir mi obra. Más bien, los cambios en mi trabajo responden a cambios
internos, como un viaje de autoconocimiento. Puede sonar raro pero
desde que medito antes de pintar creo que obtengo mejores resultados.
Pongo la mente en blanco y veo cosas. Cosas que me sirven de punto de
partida para llegar a otras. Estoy en cambio continuo y quiero seguir
estándolo. Supongo que es un viaje hacia algo. No pretendo buscar
respuestas, sólo disfrutar el camino.
CG- Hoy en día que
el arte es tan global parece que apenas hay diferencias entre los
artistas de un lugar o de otro. Sin embargo, a menudo oímos que el arte
español es distinto a lo que se suele ver aquí en Alemania, que es un
arte que está mirando constantemente a EEUU. Tú has expuesto en países
muy distintos ¿Qué puedes contarnos de tu experiencia personal? ¿Crees
que hay un algo que te define como artista español?
MK.- Es
cierto. Hoy en día todo está globalizado y la información vuela de un
lado a otro. Esto nos puede llevar a añorar cuando los artistas
viajaban, visitaban museos o conocían a otros artistas y su obra
cambiaba. Hoy, en una mañana cualquiera, mientras tomas un café frente
al ordenador recibes más estímulos de los que jamás pudo recibir un
artista hace 100 años. Lo que pasa es que la huella que dejan es menor,
mucho más superficial. Por otra parte creo que hay algo en los lugares, en la luz, en el
ADN cultural que sigue teniendo peso en la obra de los artistas. Por
ejemplo, hay una sensibilidad mediterránea, una tradición visual y
formal muy rica, que aún está viva. En lo que concierne a la pintura,
se trata de un acercamiento táctil, muy plástico hacia la forma. Por
ejemplo, en el arte español un sentimiento poético y misterioso de gran
fuerza que viaja desde el románico catalán o el barroco de Velázquez,
Zurbarán y Goya hasta la pintura de Picasso, Miró, Tàpies, etc. Hay un
legado inmenso que hay que saber continuar.
Adoro esa
tradición, que considero mía pero también tengo una parte "bastarda"
muy pronunciada. Me siento muy cercano a la sensibilidad nórdica (adoro
la pintura primitiva flamenca), la cultura oriental (su arte y su
pensamiento) y la cultura outsider (el arte de los locos y los niños).
Me interesa casi todo!
Creo que nuestra época se caracteriza
por el cambio constante y por la mezcla. Pienso que eso también es
bueno. Sería terrible ser un talibán del arte, con ideas cerradas que
no permitieran la entrada de otras percepciones y puntos de vista.
Nadie puede pretender tener la razón.
CG.-Muchas gracias por tu tiempo y esperamos que la exposición en 100 kubik tenga tanto éxito como en la pasada edición.
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