El museo de autor ha llegado. Manuel Borja-Villel y su equipo han presentado el trabajo que, sobre
la colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía,
han venido realizando durante el año que llevan al frente de la
institución madrileña. Una nueva mirada, alejada de los cánones
habituales, que expone, en casi
8.000 metros cuadrados divididos en
38 salas, más de
1.000 obras de las 17.000 que componen la colección del museo. De ellas, 137 son
nuevas adquisiciones y unas 400 no se mostraban en el discurso anterior
de la colección. Pasen y vean.
La nueva distribución de la
colección del museo ofrece un discurso nuevo y con verdadera voluntad
de innovación. Las obras, sin dejar de estar sometidas a cierta
narración cronológica, se distribuyen en microespacios, los cuales se
han planteado como auténticas exposiciones temporales. Se nota el mimo
puesto en cada sala, donde se albergan a la vez diferentes formatos
expositivos (vídeo, vitrina documental, proyección, pintura,
instalación), y donde el arte habla con un discurso hipertextual,
enredado en los nodos fundamentales que la historia contemporánea
ofrece. Así el espectador puede navegar por las salas y encontrarse a
la vez pintura de diferentes autores, de diferentes épocas, junto a
cine que formalmente tiene relación con dicha pintura, el cual se
muestra frente a documentos de una misma época, cuya estética puede
estar alejada o no de la pintura expuesta. Se le ofrece al espectador
la posibilidad de navegar por el museo como se hace por internet,
pulsando hiperenlaces que enriquecen la información, el conocimiento.
Así, cada sala, inundada de esta transversalidad formal y cronológica,
ofrece una micronarración para ser disfrutada en su misma
contemplación, pero también para ser disfrutada en red respecto de
otras salas, de otros lugares y de otras memorias.
El espacio y el iconoEs
imposible desgranar aquí una visita que hay que hacer con la
tranquilidad de quien pasea por la historia y tiene el gusto de
detenerse, siquiera de vez en cuando, en el detalle. La colección del
museo Reina Sofía ocupa varias dependencias repartidas en sus dos
edificios, el de Sabatini y el de Nouvel.
La planta 2 del
edificio de Sabatini está enteramente dedicada a la colección y va
desde el principio de la modernidad (ofrece por primera vez grabados de
Goya), hasta la estética y la documentación de la Guerra Civil
Española. Lumière y Keaton se hacen un hueco en las primeras salas.
También Sorrolla, antes ausente, frente a la España negra de Zuloaga y
Solana. Las maneras cubistas, su florecimiento y su influencia en el
modernismo hasta tensionarlo. El surrealismo y las particularidades de
los español. La generación del 27, con la incorporación, por primera
vez de dibujos de Lorca y el cine de Buñuel. Los años 30 y la incruenta
batalla entre Modernismo y Vanguardia, de los que el Reina Sofía acoge
una de las mejores colecciones del mundo. Por último, la Guerra, sus
poéticas, sus estéticas, sus documentos. Este último apartado estremece
con las fotografías de Capa y Alfonso, los dibujos de la Guerra de
Quintanilla o Grosz, Las Hurdes de Buñuel o Spain, 1936 de Dreyfus.
En
esta misma planta se encuentra El Guernica de Picasso, en la misma
ubicación que hemos conocido hasta ahora, pero mejor iluminado y con
mayor espacio lateral. El icono, pues, está igual, pero mejor arropado
por todo lo que rodeó su primera exposición en París.
La planta
4 de Sabatini está parcialmente ocupada por la colección. En ella se
albergan la pintura americana de postguerra, el traslado del foco
cultural de París a Nueva York; la España de postguerra (Luis García
Berlanga también); el neorrealismo en España (Masats, Catalá Roca y
Marco Ferreri, entre otros); la materia (Millares y Tàpies, pero
también una sala magnífica dedicada a Oteiza); los años 50 y 60 en
Europa (Lucio Fontana y un esfuerzo por un Palazuelo antes olvidado);
el realismo de Antonio López y el final de la modernidad (pintores y
modelos de Picasso, y la pintura en contra de la pintura de Miró se
enfrentan en un diálogo cuando menos interesante).
Al edificio
Nouvel llega lo más contemporáneo de la colección: los no lugares, la
teatralidad, la obra digital, los discursos en red, las narraciones de
lo global, el concepto (y su especificidad española), la pintura
madrileña, la identidad. Adquisiciones recientes en las últimas
ediciones de ARCO, los fenómenos de masas, el pensamiento crítico, se
exponen junto a discursos ya asumidos como el Minimal, el Arte Povera o
el Pop. El discurso expositivo está basado en los mínimos comunes y
ofrece la misma estructura narrativa que lo expuesto en Sabatini, pero
abierto a la interpretación de lo que inevitablemente está todavía por
escribir. “
El trabajo intelectual está siempre por hacer” afirma Borja-Villel, quien concluye que “
este nuevo vocabulario no es sino el principio del trabajo”.
Claves para una visita1 Procúrense un plano o déjense guiar por la nueva cartelería funcional que estrena el museo.
2 Observen cada sala con la inocencia intelectual de leer un cuento por primera vez.
3 Piensen en cada sala como en un cuento que empieza y acaba en sí mismo,
pero cuyos personajes pueden aparecer en otros cuentos, en otras salas.
4 Observen cada una de las obras de manera individual y como un conjunto
formado por las otras que las acompañan en la sala, preguntándose qué
tienen en común todas ellas.
5 Si no encuentran cosas comunes, busquen lo que las diferencian de manera radical.
6 Naveguen por la historia y por las historias personales que guarda su memoria individual y confróntenlas con las obras.
7 Abandonen la sala y acudan a otra con la inocencia intelectual de leer un cuento por primera vez.
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Un reportaje de: Jesús Moreno Hidalgo y
Julián Moreno HidalgoTexto: Jesús Moreno Hidalgo
Imágenes: Julián Moreno Hidalgo