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© Gilbert Garcin
L’irréparable - The point of no return, 2003 |
Redactor/a: Miguel Fernández Cid
Gilbert Garcin lo cuenta una y mil veces, mas siempre parece la primera: “Realizo apuntes y dibujos de lo que quiero hacer, pero como soy mal dibujante termino preparando una fotografía. Una vez que tengo la idea, creo el escenario, los elementos mínimos. Después, en la terraza de nuestra casa en Marsella, una zona tranquila donde nadie nos ve, nos fotografiamos [Garcin y su mujer, convertida en espejo de su personaje, siguiendo una regla no escrita de sintetizar, economizar al máximo los medios] en la postura que debemos tener. Recorto las siluetas de esas fotografías, sustituyo mi cabeza por la del personaje, y la pego sobre la foto del decorado”. El recorte de las siluetas no es, voluntariamente, perfecto: deja siempre la huella del pulso manual. En sus imágenes, busca quedarse en zonas de confusión, de múltiple sentido, nunca inducir a las lecturas unidireccionales, razón por la que asegura que le sigue dando pudor titular las obras, una práctica a la que accedió por la insistencia (afortunada, a tenor de los resultados) de un marchante. Al referirse a sus obras no le gusta hablar de autorretratos aunque el rostro de su protagonista es el suyo a los 66 años, cuando se fotografió en distintas posturas y expresiones, desde diferentes posiciones, creando una base de datos de la que se sirve desde entonces. Gracias a ese recurso –tan sencillo como consciente, lúcido, previsor– su personaje mantiene el rostro intemporal pese al paso de los años. “¿Se imagina a Charlot, no a Chaplin, viejo? ¿A Tintín?”, tercia Garcin. El punto de partida es, por tanto, sencillo, limpio, delator. Garcin reivindica cierta manualidad y un proyecto estético de fácil entrada, capaz de sorprender tanto al que mira casi de soslayo cuanto al que investiga. Sus obras ofrecen en respuesta a la intensidad de quien mira: no son efectistas sino eficaces, no son símbolos cerrados sino fragmentos de un relato abierto, evocaciones de la emoción ante una sorpresa. Pero esa sorpresa no es producto de un encuentro inusual sino de mirar con curiosidad, casi con zozobra, lo cotidiano, lo próximo. Uno de los grandes aciertos de Garcin es su ausencia de retórica, su manera de jugar con los recursos casi primarios de las imágenes. Sus fotografías parecen preguntas al tiempo ingenuas y en extremo sagaces. Que haya elegido la austeridad del blanco y negro juega a su favor: le permite dominar con destreza el medio y sitúa a sus imágenes en la herencia de un cine que relata historias y se basa en un gesto, en una fuga, en un silencio, en un efecto de luz, en una escena que se detiene. Sus imágenes tienen conexión con los mundos de Charlot, de Buster Keaton, de Jacques Tati, de Alfred Hitchcock, pero también con la herencia de los collages surrealistas, o de las enigmáticas fotografías de Magritte. Garcin es un puzzle en el que las piezas encajan perfectamente: se esforzó por dar autonomía a su personaje, por hacerlo realmente intemporal, y su figura paternal y aparentemente despistada refuerza el sentido de su propuesta. Cuando comenta la vida en pareja se percibe el humor, la ternura, la sagacidad; cuando se evoca como artista, salen al tiempo el ego y la insatisfacción de estar siempre frente a una imagen más potente y enigmática: la realidad. Cuando visita el museo, encuentra los motivos en su reflejo, en los rincones, en las fugas, animándonos a mirar, a traspasar la imagen primera; sus comentarios al arte moderno son sagaces como los textos más incrédulos de Ernst Gombrich. Garcin nos lleva a su terreno, y en él se muestra divertido y preciso, silencioso y locuaz. Son sus imágenes las que parecen siempre dispuestas a tomar vida, como si estuvieran más cerca del relato concentrado que de la instantánea. Como si se detuvieran al ser sorprendidas, como si no necesitasen de nosotros para existir. Las inquietantes imágenes de Gilbert Garcin, por Miguel Fernández-Cid * Dentro del Festival de Fotografía PHOTOESPAÑA la Galería Astarté propone la obra de GILBERT GARCIN, un proyecto comisariado por Miguel Fernández-Cid. La muestra se podrá ver del 2 de junio al 24 de julio de 2009. Información adicional
Más información http://www.galeriaastarte.com
Inicio Martes, 2 de Junio de 2009 Final Lunes, 14 de Septiembre de 2009 Compartir
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